
A modo de explicación quería decirles que el cuento a continuación, surgió debido a la Fiesta del Reencuentro, que junto a una Fundación realizamos hace varios años, en Febrero, en mi lindo pueblo: Gilbert.
Es una fiesta de dos días en la que nos encotramos con ex residentes que vuelven a ver su pueblo natal. Sin duda es un evento especial, cargado de sentimientos, emocion y magia en el aire. Tal vez los que no sean de aquí o no hayan venido, no puedan entender. Pero es un cuento que quería compartir con ustedes, también fue publicado en la página de la Fundación Amigos de Gilbert. Espero les guste!
- ¿Por qué tenemos que ir a ese pueblo?- preguntó Brenda, una adolescente de dieciséis años una mañana en Buenos Aires cortando el ambiente.
- Porque vamos a la Fiesta del Reencuentro- respondió Lorena, su madre, mientras aprontaba el bolso con todo lo necesario para pasar unos días en un pequeño pueblo llamado Gilbert, en la provincia de Entre Ríos.
- Además tu mamá nació ahí, quiere volver a ver a algunos amigos y donde estaba su casa, sus vecinos- comentó Gustavo ayudando a Lorena con el bolso.
- ¿Y es necesario que nosotros vayamos? ¿No podemos quedarnos?- cuestionó Lucas que tenía unos años mas que Brenda.
- Chicos por favor, además van a conocer un lugar nuevo, yo hace mucho que no voy y estoy muy ilusionada- respondió Lorena con sus ojos llenos de lágrimas recordando, trayendo viejas imágenes a su mente otra vez.
Los adolescentes se miraron y cedieron por el momento, ya que no entendían ese profundo sentimiento que su madre tenía en el corazón. Un fuerte sentimiento que hasta se había contagiado en su padre.
Cuando todo estuvo listo el jueves por la tarde cerraron la casa y emprendieron viaje rumbo al pueblo.
Lorena no podía dejar de mirar unos folletos que le habían enviado, que hablaban de esa fiesta en el pueblo, como si pudiera ver algo nuevo cada vez que los miraba.
La Fiesta del Reencuentro tenía el objetivo de que antiguos residentes se encontraran con los que aún vivían allí. Dos días llenos de anécdotas y recuerdos del pasado.
Luego de varias horas y ya cuando la luna estaba afuera, Gustavo indicó que habían llegado. Había un gran letrero de luces verdes que decía: Bienvenidos a Gilbert. A su lado una pequeña casita con una virgen rodeada de flores.
- Mucho letrero iluminado para el pueblo ¿no?- bromeó Lucas como burlándose. Los demás no lo escucharon.
Lorena y Gustavo no dejaban de mirar la ruta cercada por árboles nuevos de fino tronco y Brenda escuchaba música en su mp3 a todo volumen.
Cruzaron por el predio, el galpón del ferrocarril donde se realizaba la fiesta y a pesar de ser tarde se podía ver gente trabajando. Parecía que habían estado todo el día allí.
Llegaron a una casa antigua, de unos amigos de Lorena donde se hospedarían unos días. Las personas parecían ser buenas y los esperaban con comida. Luego de abrazos y comentarios sobre como habían cambiado físicamente, ellos le mostraron sus habitaciones que ya estaban preparadas.
Se podía ver en los ojos de las personas del lugar que tenían sueños y ganas de progresar.
Brenda y Lucas pensaron que no podía ser tan malo pasar un tiempo alejados de la ciudad. Aburrido, pero no tan malo. Además sus padres parecían estar llenos de felicidad.
La mañana del viernes soleado despertaron todos de una manera diferente. El silencio era algo a lo que no estaban acostumbrados y el canto fuerte de los pájaros pareció inundar sus oídos.
Por la tarde los amigos de su madre los llevaron al lugar donde la gente trabajaba sin parar para la fiesta.
Gustavo se sorprendió al ver que todos estaban ansiosos, había música, risas, mate. Niños, adultos, viejos, hombres y mujeres, todos ellos ayudaban. Cada uno aportaba algo para que la celebración fuera espectacular. Se podía ver que estaban orgullosos de su pueblo, de sus raíces.
Cuando caminaron unos pasos, unos chicos de acento distinto, pero no tan notorio, se acercaron enseguida a recibir a Brenda y Lucas, como si supieran que ellos eran los invitados, los recién llegados.
- Papá, ¿podemos ir a caminar con esos chicos, a recorrer el pueblo? Ellos nos acaban de invitar- preguntó Brenda entusiasmada.
- Seguro- respondió Gustavo, tocando el hombro de Lorena para que vea que sus hijos se alejaban, con otros chicos que llevaban mate y por primera vez no se preocuparon por la seguridad de ellos, porque sabían que en el pueblo todo estaba bien. Además se alegraron de que sus hijos entablaran relación con los chicos del lugar.
La gente dejaba sus bicicletas y sillones afuera, se iban a cenar y volvían luego a guardarlos. Era muy diferente de la vida en la gran ciudad. Y tal vez por la mente de Gustavo pasó la idea de algún día tener una casa en el pueblo, entre los árboles, para poder experimentar esa vida. Cruzar la ruta hasta la plaza, o hacer unos pasos para charlar y compartir unos mates con los vecinos.
Los cuatro ayudaron con los preparativos de la fiesta. La gente los había recibido muy bien. Todos eran buenos y graciosos. Hasta tenían fotos de cuando Lorena era pequeña, lo que la llenó de emoción.
El sábado por la noche los fuegos artificiales iluminaron el cielo, dando por iniciada la celebración. Todo era risas, baile, comida, recuerdo de los que ya no están y felicidad. Se perdieron entre la gente que no podía parar de hablar, abrazarse y mirarse las caras.
Los chicos se divirtieron como nunca con sus nuevos amigos. Gustavo y Lorena bailaron y recorrieron mesa a mesa de los conocidos que tenían en el pueblo. Era como que en ese momento el pequeño y tranquilo poblado se había transformado, había más gente de la que todos esperaban. Triplicaban la población.
El domingo transcurrió entre mates, fotos y más recuerdos. Las artesanías eran preciosas y la comida deliciosa. Los artistas del pueblo deleitaron a la gente que había venido de diferentes lugares. Ellos bailaron y cantaron canciones populares que los chicos nunca pensaron que podrían quedarse a escuchar.
Luego la lluvia se propuso alejarlos a todos, sino nunca se hubiesen ido y la fiesta hubiese continuado ya que todos estaban a gusto.
Tristemente se despidieron de todos, pues el lunes debían estar en Buenos Aires otra vez debido a sus trabajos.
Gustavo y Lorena saludaron a sus conocidos. Brenda y Lucas fueron despedidos por sus nuevos amigos, intercambiaron teléfonos y correos electrónicos, esperando que la próxima fiesta llegara pronto.
El auto se alejó, otra vez con la luna en lo alto del cielo, como cuando habían llegado. Dejando atrás paisajes verdes, floridos y gente con sueños en la mirada.
Por la mente de Lorena cruzaron palabras, días de escuela, el sol de verano, el olor a tierra mojada, el ruido del viento entre las hojas de los árboles y la tranquilidad de Gilbert.
Los chicos aprendieron a no ser prejuiciosos y juzgar sin saber lo que no conocían. Mientras el auto se alejaba más y mas, la gente los saludaba a su paso.
Los cuatro sabían que echarían de menos al pueblo, porque a Gilbert se lo quiere, pero mas se lo extraña.